HOY HEMOS VISTO MARAVILLAS (Lucas 5:17)

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Aconteció un día que Jesús estaba enseñando y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley  los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea y de Judea y Jerusalén. Quizás fue una hermosa y radiante mañana  cuando ocurrieron los hechos que narran las Sagradas Escituras. La multitud que rodeaba al hijo de un humilde carpintero  de Belén   era grande, motivo por el cual la gente tenía que ingeniárselas para poder disfrutar de su compañía.

El evangelio de Lucas nos dice que había un paralítico que había escuchado hablar de los milagros de Jesús. Aquel  hombre llevaba muchísimos años postrado, y en medio de sus múltiples sufrimientos comenzó a reflexionar y a escuchar la voz de aquel hombre que sanaba y resucitaba a los  muertos. La fe se fue depositando en su corazón hasta que sintió deseos de ir en su búsqueda. Fue así como pidió a sus amigos que lo bajaran por el techo de la casa.  Jesús al percatarse de su gran fe  le dijo: Hombre tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir tus pecados te son perdonados, o decir levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico) a   ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos y tomando el lecho en que estaba acostado  se fue a su casa  glorificando a Dios. Y todos  sobrecogidos de asombro  glorificaban a Dios,  y llenos de temor decían: ¡HOY HEMOS VISTO MARAVILLAS!

Si te das cuenta, apreciado lector,  este pasaje nos   revela cuatro  aspectos muy importantes:   Uno de ellos el amor de Dios que está y debe estar por encima de todas  las cosas. En segundo lugar nos muestra su gran poder, ese poder que ningún ser humano jamás podrá tener;  la gran fe de un  hombre que tomó la decisión de acercarse al poderoso de  Israel y el deseo de de encontrar su sanación.   Ahora pienso por un instante en  el tiempo que posiblemente este hombre vivió en su lecho  sin esperanza alguna de recobrar la movilidad de su  cuerpo. De la misma manera, no puedo siquiera imaginar cuán hermoso sería aquel momento en que todos los allí reunidos vieron salir caminando feliz  al paralítico. Me imagino la emoción.  Yo hubiera estado allí, hubiera derramado un relicario de lágrimas, de felicidad.

Querido lector, esas son las maravillas del Señor porque así es su amor.  A él no le importa nuestra condición pecaminosa y  tampoco   mira la magnitud de nuestro pecado; solo quiere rescatarnos y llevarnos a sus amorosos brazos. El paralítico buscó a Dios y lo encontró.  Tuvo fe en que Jesús lo sanaría, y así fue.

Amigo que lees esta historia, quizás no estés en un lecho,  o postrado en una silla de ruedas, pero  puedes estar en peores condiciones. De  repente te encuentras tendido en una cama blanda y  cómoda  pero sin poder  conciliar el sueño, y  eso es como si tuvieras enfermo. A veces no quieres levantarte de esa cama tan reconfortante;  no tienes deseos de ir al trabajo, al colegio o a la universidad.  Quieres estar encerrado en tu tristeza y tu soledad. No quieres saber nada del mundo.    Te amarran las dudas, los problemas, los malos negocios, las enfermedades,   y tú,  ahí  sin saber a quién acudir para compartir tus sufrimientos. Pero recuerda que en medio de la tormenta que puedes estás viviendo,  hay alguien  esperando  por ti, y ese alguien tiene nombre propio: “Jesús” porque él  ha hecho, hace y seguirá haciendo maravillosos milagros en la vida de aquellos que lo buscan y  confían en EL.  No me imagino que tipo de parálisis estás sufriendo en este momento,  pero si puedo asegurarte que sea la que sea el Señor está esperando por ti; solo atrévete a ser  imitador de aquel paralítico, asì como yo lo estoy intentando ahora.  Hoy quiero que sepas  que durante muchos años estuve postrada, y no me refiero a una postración física sino emocional y espiritual.   Si supieras que mi vida navegaba en el mar de la indecisión,  de la angustia y el temor, no lo creerlas. Estuve   atada  de manos y pies,  no me atrevía a ir en la búsqueda de mis sueños, de mi crecimiento, porque no creìa en mi, no confiaba en mis capacidades. Ahora quiero contarte que de aquella mujer que fui durante más de cuatro décadas, ya poco queda,  porque un día abandoné la barca del dolor en la cual había zarpado y en la  que  remaba sin rumbo fijo, perdida sin esperanza.  Un día primaveral, igual que el paralítico de Caparnaum,  tomé la decisión más importante de mi vida, "buscar a Dios". Y  hoy me encuentro en un proceso de transformación,  y poco a poco he empezado a levantarme  de aquella silla a la que estaba atada y sin deseos de caminar, de vivir, de luchar.
Al  reflexionar a cerca de mi vida sin Jesús, me he dado cuenta de que era un completo  desastre. Pero hoy gozosa puedo ventilar al mundo que el Señor ha hecho de mi existencia algo hermoso,  motivo por el cual  también como aquellos que al unísono clamaron  una vez hoy hemos visto maravillas,     ahora   tomo la vocería  para decir que no solo hoy he visto maravillas, sino que cada día veo las maravillas que el Creador hace en mi  vida. 
Para  terminar quiero decirte querido lector,  que habrá gran festín en el cielo el día que  tomes la decisión de ir en la búsqueda de tu salvación y empieces a saborear las delicias  de todo  lo que el Señor  puede hacer en ti. ¿Qué dices?


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