SEPARADOS DE MI, NADA PODÉIS HACER



A veces me siento en la silla de la reflexión, analizo mi vida y concluyo que aun conociendo a Dios  y saboreando cada día su amor,  mis veredas no son perfectas. Es que soy una vil pecadora con un sinnúmero de defectos por corregir, debilidades por fortalecer y hábitos que abandonar que no son agradables ante los ojos del SEÑOR. Entonces me doy cuenta  que camino por la cuerda floja, y que los hilos de amor que he intentado enhebrar por cada poro de mi piel se están reventando. Por unos instantes mi corazón se viste de tristeza, pero al recordar que Dios me ama y me perdona se engalana de alegría mi ser entero.  

Señor, gracias por no tener en cuenta mis fallas. Yo sé que tú únicamente anhelas que las reconozca y las enmiende. ¡Ayúdame Padre amado! Pero sobre todo ayúdame a entender lo que tù nos dices a través de  tu santa palabra: “Separados de mí, nada podéis hacer!
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